
Parque Esmeralda
Ubicación:
Copiapó, Región de Atacama
Año:
2017
Metros Cuadrados:
21.000 M2
En el límite entre la ciudad de Copiapó y el desierto de Atacama se emplaza este proyecto que transforma un antiguo vertedero informal en un paisaje comunitario fértil. La intervención surge del anhelo de más de 300 familias de la población Esmeralda, quienes durante décadas convivieron con un basural emplazado en una quebrada colindante a sus viviendas. Allí donde por más de cuarenta años se acumuló basura, el proyecto propone un vergel: un espacio de encuentro, identidad y cuidado colectivo, para un barrio históricamente relegado.
El diseño se articula a partir de una pregunta central: ¿cómo generar la mayor percepción de verde con la menor superficie vegetal posible en un territorio de extrema escasez hídrica? A partir de una lectura atenta del lugar, se disponen bosquetes estratégicos en los remates visuales de los pasajes del barrio, permitiendo que cada vecino acceda desde su calle a una imagen verde. Estos bosquetes operan como espacios de circulación, sombra, encuentro y huertas comunitarias, recomponiendo vínculos entre sectores históricamente separados por el vertedero.
El parque se organiza como un tejido alternado de áreas de alta y baja cobertura vegetal, chacras y superficies programáticas expuestas, reproduciendo la lógica de los vergeles del norte chico, donde la vegetación aparece en manchas, corredores o jardines productivos. Esta estrategia genera una percepción continua de verdor sin recurrir a grandes extensiones de césped ni a un consumo hídrico intensivo, mitigando el efecto de isla de calor y mejorando el confort ambiental.
La pronunciada topografía del terreno, con un desnivel cercano a los 42 metros, se aborda mediante un sistema de terrazas sucesivas contenidas por pircas de piedra construidas por canteros locales. Este gesto estabiliza el terreno, incorpora un oficio tradicional y genera miradores hacia el valle de Copiapó, articulando una diversidad de escalas y usos: plazas menores, corredores sombreados, zonas de juego, espacios comunitarios y rutas de ascenso accesible, convirtiendo la pendiente en una experiencia espacial.
El proceso de diseño y construcción se desarrolló de manera participativa, involucrando a la comunidad en la definición de usos y en la ejecución de las áreas verdes y el ensamblaje de las pircas, dimensión colaborativa que permitió fortalecer el sentido de pertenencia y transformar un paisaje abandonado en un proyecto compartido.
En conjunto, el Parque Esmeralda demuestra que, incluso en condiciones extremas de aridez, pendiente y vulnerabilidad social, es posible construir un espacio público fértil, digno y significativo, capaz de proyectar nuevas formas de habitar el desierto.

















